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freanger:

Los lunares sacan el lado creativo de las personas

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0ceanics:

Prince of Peace.

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(via eeenif)

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(Source: irienancy)

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(Source: kimfearick, via loveyourchaos)

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loveyourchaos:

road-trip

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lisasimpsonbookclub:

Woo hoo! There are now 5,000 members of the Lisa Simpson Book Club! Reanimated Lenin thanks you!

(via thisisnoyes)

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Yo tenía seis años y hacía un par de meses me había mudado de ciudad. El lugar me parecía aburrido comparado con Guadalajara, además mis amigos y mis clases de ballet habían quedado atrás. Sin embargo, cuando llegó la Navidad hice mi acostumbrada cartita al Niño Dios (porque los cinco años anteriores mis padres habían fomentado mi creencia en él, de acuerdo con el contexto tapatío) e ignoré un poco la celebración Zamorana de los Reyes Magos. Vivíamos en la Av. Pino Suárez en la Luneta. Mi mamá preparó comida y estuvimos cenando y jugando hasta medianoche. Al llegar las doce, mis papás me sugirieron quedarme en el cuarto, me aseguraron que si el Niño Dios llegaba y alguien estaba en la sala no dejaría los juguetes. Así fue entonces que los cuatro (mi hermano, mi mamá, mi papá y yo) nos acostamos en la cama de mis papás, nos cubrimos con las cobijas y esperamos a que el Niño Dios hiciera lo suyo. “Tarda cinco minutos más o menos en dejar todo listo” dijo mi mamá. Fue entonces cuando mi hermano decidió ir a revisar que todo estuviera bien y regresó corriendo y agitado: “Me asomé por si veía algo. De repente una luz muy fuerte comenzó a bajar del cielo, me asusté y empecé a correr”, dijo él.  Esperamos unos minutos y al transcurrir estos, salimos a la sala. Con mucha alegría y sorpresa vi mis regalos en el pie del árbol de Navidad: un juego de té de plástico naranja y una muñeca Cabbage Patch con zapatos verdes que hasta la fecha conservo. 

Años después me enteraría que el Niño Dios no es sino un invento. De cualquier manera, esa Navidad ha sido de los momentos más felices que he vivido hasta hoy. 

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